Opiniones 
 

OPINIONES DE PROFESIONALES

Por Dr. Guillermo Fernández D´Adam, master en prevención de la drogodependencia, profesor de la Universidad del Salvador y de la Universidad Católica de Cuyo.

Bulimia y Anorexia.

La anorexia nerviosa es una enfermedad mental, que consiste en una pérdida voluntaria de peso por un deseo patológico de adelgazar y un intenso temor a la obesidad. Afecta a chicas jóvenes, de entre 14 y 18 años hasta los 28 (1-2 de cada 100).
La pérdida de peso es conseguida mediante reducción de la alimentación, especialmente de los alimentos que contienen más calorías, el ejercicio físico excesivo, la utilización de medicamentos reductores del apetito, laxantes o diuréticos, y vómitos provocados. De esta manera, se produce una desnutrición progresiva y trastornos físicos y mentales que pueden ser muy graves e, incluso, conducir a la muerte.
La enfermedad no tiene una causa única sino que existen elementos biológicos, psicológicos y sociales que predisponen a padecerla o la desencadenan directamente. Entre los factores predisponentes que configurarían un grupo de riesgo se cuentan ser mujer joven; tener antecedentes familiares de anorexia, bulimia, trastornos depresivos, obsesivos, alcoholismo o sufrir previamente un problema de obesidad (o simplemente algo de sobrepeso). Además, poseer determinados rasgos de carácter: ser perfeccionista, excesivamente responsable para la edad o situación, sufrir de inseguridad, timidez o introversión y tener una baja autoestima.
Los factores sociales que predisponen a la enfermedad, e incluso la desencadenan, son muchos y muy complejos. La presión social y mediática que existe en torno a la “línea” y el adelgazamiento tienen un papel decisivo en la aparición y desarrollo de la enfermedad. La moda y la publicidad incitan más frecuentemente a adelgazar que a mantener una buena salud.
En una persona pro-anoréxica pueden observarse alteraciones del comportamiento, como por ejemplo, deseo claro de perder peso (incluso estando dentro del peso normal para la edad), evitar determinados alimentos (suprimen dulces, panes, papas, arroz, fritos, etc.), eliminar de su dieta cada vez mayor número de alimentos, hasta llegar únicamente en ocasiones a tomar frutas o verduras (y cada vez en menor cantidad). Si es posible consumen solamente alimentos “light” y se preocupan exageradamente por el contenido en calorías de los alimentos. También acostumbran a vigilar la preparación de las comidas familiares o amistosas, aumentar la actividad física para favorecer la pérdida de peso, subir escaleras, hacer abdominales, correr o ir al gimnasio. Se quejan con frecuencia de “estar gordas” o de “tener celulitis”, con sentimientos de culpabilidad, y tras haber comido utilizan laxantes o “hierbas adelgazantes”.
El tratamiento, luego de un diagnóstico del estado físico y mental de la persona enferma, será una psicoterapia intensiva por parte de un equipo interdisciplinario, en forma ambulatoria o a través de la internación en un hospital o clínica de día. Tiene como objetivo corregir las anomalías metabólicas que ya se han causado, normalizar cuidadosa y progresivamente su alimentación y peso, y tratar los trastornos físicos y mentales que existan acompañado de tratamiento psicoterapéutico personal y familiar.
La bulimia nerviosa
“Graciela se sienta a la mesa y come grandes cantidades de comida, en forma rápida. Con frecuencia lo hace a solas o a escondidas para no ser vista, sin poder parar ni controlarse. Lo realiza aun si se siente mal cuando lo hace. Algunas veces se para de la mesa antes de terminar, se va al baño a vomitar y regresa para seguir comiendo como si nada hubiera pasado”.
En estos tiempos es muy frecuente que ocurra esta conducta alimentaria llamada bulimia nerviosa que -junto a la anorexia- son los característicos trastornos que aparecen en adolescentes y adultas jóvenes. Éstas están pendientes de la forma y aspecto de sus cuerpos, sus medidas y, por supuesto, de su peso corporal.
Los estudios sobre la frecuencia de esta enfermedad en la población juvenil femenina varían, ya que se estima que entre 3 y 10 chicas de cada 100 la padecen (un 3-10%). En la mayoría de los casos, la bulimia comienza después de haber realizado dietas de adelgazamiento excesivas o sin control médico, o en el curso de una anorexia nerviosa. Un 50% aproximadamente de los casos de anorexia evolucionan hacia el padecimiento de bulimia.
En la bulimia hay episodios recurrentes de atracones de comida. Las personas con esta enfermedad comen grandes cantidades con voracidad (muy superiores a una comida normal) en corto tiempo, tienen la sensación de pérdida del autodominio durante los atracones, usan regularmente el vómito autoinducido, laxantes o diuréticos. Asimismo, hacen una dieta estricta, ayuno o ejercicio excesivo para evitar el aumento de peso.
Existen dos tipos diferentes de bulimia: la purgativa (se provocan regularmente el vómito o usan laxantes) y la no purgativa (realizan ayunos por períodos prolongados o gran cantidad de ejercicio para gastar la excesiva energía que comen en cada episodio de “gula” o de “glotonería”).
Por la complejidad de las causas y los síntomas de esta enfermedad, su tratamiento requiere de un equipo interdisciplinario de profesionales, entre los que se debe contar nutricionistas, psicólogos, psiquiatras y terapeutas.
Son sujetos perfeccionistas que suelen acatar las normas preestablecidas pero tienen un deseo muy grande de competir y superarse. Tienen una predisposición a estar aislados, realizar actividades a manera de ritos y ser bastante variables en su temperamento. Por estos motivos, durante el tratamiento se les enseña a manejar el peso sin tener que recurrir a conductas anormales y peligrosas, y a controlarse y aceptar su cuerpo sin tener que imitar desesperadamente el de otros. Se realizan diferentes terapias por los problemas de ansiedad, depresión y/o adicción a las comidas.
ón de hábitos de alimentación saludables, la reflexión crítica de los mensajes consumistas, la regulación del apetito de acuerdo con su condición física y la aceptación de su peso. Como es una problemática de la autoestima es importante que aprendan a quererse a sí mismos, sentirse queridos, aceptar sus cuerpos, en vez de querer imitar las “supermodelos”.

“Del trago a la tragedia: para que no se repita la noche de las antorchas”.

Por Dr. Guillermo Fernández D´Adam, master en prevención de la drogodependencia, profesor de la Universidad del Salvador y de la Universidad Católica de Cuyo.

Otro triste privilegio para Caucete en la provincia de San Juan, que tuvo su marcha más popular de antorchas por dos muertes de jóvenes en accidentes de tránsito a la salida de boliches bailables.
Lo rescatable es que los propios jóvenes están pidiendo a la policía y al intendente más cumplimiento de normativas (control de ventas de bebidas alcohólicas a menores, alcoholemia, etc.) y mayor seguridad a la salida de los locales bailables.
Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes de tránsito: 20 personas mueren por día y hay cerca de 7.000 víctimas fatales por año. En esa cifra, un alto porcentaje está asociado al consumo de bebidas y de los fallecidos un 40% son jóvenes.
El principal problema es el consumo de alcohol en jóvenes, que junto con la marihuana, con el abuso de psicotrópicos en personas adultas y la irrupción de la pasta base de cocaína (paco), encabezan la problemática de drogas.
Desde hace tiempo nos preocupa la diversión de nuestros jóvenes por el abuso de alcohol y consumo de estas drogas que perturban la conducta, las relaciones sociales y as habilidades para conducir, generando trastornos de integridad física, alterando el funcionamiento mental y la interacción social.
Los gobiernos son ineficaces para frenar el abuso alcohólico y evitar el fomento que se hace en publicidad, promociones e inducciones subliminales. Los fabricantes de bebidas embriagantes, como pagan impuestos, sólo se “obligan” a recomendar a sus clientes que no las consuman en exceso. ¿Cuál es el límite?
Es momento de “ocuparnos” y de reforzar la alarma poblacional porque –al margen del daño individual que causa el consumo de alcohol- el impacto comunitario y, consecuentemente, el gasto público es muy alto e injustificable el costo humano.
Para evitar accidentes, muertes, violaciones, homicidios, maltratos, robos y otros se deben encontrar respuestas urgentes y con enfoques integrales, donde autoridades, instituciones académicas, organizaciones gubernamentales y ONGs, las escuelas, lso padres y –por supuesto- los jóvenes se puedan generar programas preventivos al estido de “Me divierto sin alcohol” , etc..

“El maltrato entre pares”

Por Dr. Guillermo Fernández D´Adam, master en prevención de la drogodependencia, profesor de la Universidad del Salvador y de la Universidad Católica de Cuyo.

El “bullying” hace referencia a un grupo de personas que se dedican al asedio, persecución y agresión de alguien o bien a una persona que atormenta, hostiga o molesta a otra.
Aparecen cuatro aspectos claves: ataques o intimidaciones físicas, verbales o psicológicas, destinadas a causar miedo, dolor o daño a la víctima; abuso de poder, del más fuerte al más débil; ausencia de provocación por parte de la víctima; repetidos incidentes entre los mismos niños o jóvenes durante un tiempo largo y sostenido.
Los chicos suelen desarrollar una violencia física y las chicas, verbal y de exclusión. Pueden ser físicos (golpes, empujones, patadas), psicológicos (burlas, poner motes, amenazas, gestos obscenos), relacionales (dar de lado, asilar, extender rumores maliciosos) o económicos (exigir dinero o cosas, robar).
La única manera de combatir el maltrato es la cooperación entre todos los involucrados: profesorado, padres, alumnos. Los padres podemos y debemos tener un protagonismo esencial: dar modelos positivos manteniendo unas buenas relaciones familiares; resolver amigablemente los conflictos; no aceptar la violencia; hablar cada día con tu hijo para escuchar sus opiniones, ayudarlo a encontrar soluciones a sus problemas; no permitir que provoque a los compañeros; ayudarlo a aprender a reflexionar.
Los padres también tenemos que recordar a nuestros hijos que la primera defensa contra la intimidación es la autoconfianza; educarlos en unos valores de respeto y tolerancia, cuidando su crecimiento emocional y ayudarlos a sintonizar con los sentimientos de las demás personas; definir normas claras y consistentes, explicando claramente qué está permitido y qué no lo está, dando los argumentos necesarios.
También debemos aplicar las normas de manera consistente; darles oportunidades de construir amistades preguntándoles cómo lo tratan sus amigos y compañeros de clase; interesarnos por conocerlos, invitarlos a casa.
Por otra parte, es preciso controlar los programas de TV y videojuegos porque muchos refuerzan la idea de que la agresión es la única manera de resolver conflictos. No se trata de prohibir sino de ser crítico, comentar la influencia y ofrecer alternativas. Debemos recordarles que la intimidación se favorece cuando los chicos están juntos y no tienen nada constructivo que hacer. Es por eso que tenemos que hablarles sobre cómo afrontar los problemas, y ayudarlos a tener respuestas adecuadas en el caso de que les molesten y/o intimiden. No es bueno aconsejar que se tomen la revancha, ya que responder agresivamente es la peor defensa y da más motivos al agresor para retomar los ataques. Acompañar a los hijos e hijas en su proceso de crecimiento es responsabilidad de los padres y sus familiares.


 
 

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