Consejos y Experiencias 
 


Recomendaciones para padres y docentes para detectar posibles consumo de sustancias.

Algunos síntomas y/o conductas que sirven para detectar posible consumo de sustancias adictivas no aseguran un posible diagnóstico, por sí solos, pero brindan un alerta y una orientación en los niveles familiar, escolar y comunitario.
NIVEL FAMILIAR: es difícil saber si su hijo consume salvo que exista una evidencia clara como encontrarlo haciéndolo, hallar algún objeto utilizado o sustancia entre sus pertenencias, recibir una preocupación por parte de sus amigos,  la pareja o los docentes. Es muy común que el adolescente niegue todo, que trate de encubrir cualquier pista o se defienda con frases como “es la primera vez y única que probé”, “lo hacen todos”, “es menos perjudicial que el tabaco”, “me relaja”, etc..
Algunas consideraciones que podemos tener en cuenta con respecto a cambios de conducta y comportamientos en su cotidianeidad son los siguientes:

  • Tiene problemas con los hermanos o los vecinos.
  • Pierde los hábitos de higiene y muestra dejadez en la vestimenta.
  • Tiene trastornos del apetito y del sueño.
  • Carece de entusiasmo por intereses habituales.
  • Muestra cansancio o excitación excesiva.
  • Gasta dinero de manera excesiva o desaparecen objetos.
  • Se muestra ensimismado y no comparte momentos con la familia.
  • Cambia a sus amistades habituales.
  • Muestra desinterés por lo familiar, lo deportivo, lo cultural, lo espiritual.
  • Tiende a mentir, discutir o pelear.

Lo fundamental es evaluar si surgen algunas de estas características y facilitar un clima de comunicación abierta y sincera, sin reprochar inicialmente ni emitiendo dobles mensajes. También es aconsejable incorporar en la relación la preocupación, el dolor y la angustia por la situación pero también explicarle el amor que se siente por él y el deseo de buscar soluciones.
Las siguientes preguntas pueden ayudar a los padres para detectar este problema:

  • ¿Pasa su hijo mucho tiempo en su pieza sin hacer aparentemente nada?
  • ¿Tiende últimamente a aislarse del resto de la familia?
  • ¿Ha cambiado los intereses en forma brusca?
  • ¿Ha cambiado su dedicación en relación con el colegio, los amigos o la casa?
  • ¿Ha notado en su hijo cambios bruscos de estado de ánimo, en el sentido de irritabilidad o de descontrol de impulsos?
  • ¿Está cada vez más egoísta, menos preocupado por los demás y más “pesado” con sus hermanos?
  • ¿A veces lo ve confundido, “volado”, “perdido”?
  • ¿Descuida sus responsabilidades en la casa o en la escuela?
  • ¿Últimamente ha desaparecido algún objeto valioso o dinero de la casa?
  • ¿Ha cambiado de amistades o en  su presentación física (descuido, falta de higiene), inventa coartadas o excusas?
  • ¿Siente que se ha perdido la comunicación o, quizá, el control  de su hijo?

Si se abre el diálogo, traten de conocer las circunstancias y las características del consumo, sin presiones agresivas pero con compromiso afectivo, para objetivar la situación y buscar la ayuda más eficaz dentro de la familia y con profesionales competentes y confiables.
Para establecer esta conexión colaborativa con su hijo hay que tener en cuenta el ambiente adecuado para tratar el problema, las emociones mutuas del momento, la posibilidad de receptividad de la comunicación y la revinculación para afrontar la situación.


NIVEL ESCOLAR:
la prevención como inicio de un proceso se relaciona con la información, se complementa con un cuestionamiento a las falsas creencias,  entrenamiento en habilidades,  reflexión de actitudes y cambios en las conductas y comportamientos de riesgo.
Si en el ciclo de prevención integral -dentro del marco del programa escolar- se detecta uno o varios casos de consumo de drogas es conveniente que el docente formado en prevención actúe con calma, investigue las características del proceso e intervenga a través del vínculo afectivo creado, para saber en qué momento se encuentra el compromiso físico y emocional de su alumno, la necesidad explícita de aceptar ayuda, su negativa, etc.. Se sugiere que el docente trate de dialogar con confianza, sin dramatismos, con compromiso y con mucho respeto a la intimidad, de manera que el alumno sienta la intervención como una sincera ayuda y no como una censura o control, lo que generaría desconfianza y rechazo.
Junto con el equipo escolar se evaluará la situación, la conducta a seguir, los recursos terapéuticos a requerir, además de la estrategia con la familia y los compañeros. Se ofrecerá información veraz con orientación preventiva o terapéutica y un acompañamiento fiable adecuado, afectivo y humano.
Los docentes deberán estar alertas para detectar en sus alumnos:

  • Cambios de conceptos acerca del consumo del alcohol como sustancia estimulante, buena e inofensiva.
  • Cambios en comportamiento.
  • Dificultad en la concentración y atención.
  • Rebeldía, no acepta límites, no trabaja.
  • Incumplimientos de normas y horarios.
  • Ausentismo, fugas al patio o al baño.
  • Dificultades de integración con compañeros.
  • Mentiras, falsificación de firmas, se copia.
  • Actitud de apatía, desgano, “desenchufe”.
  • El lunes aparece muy cansado, se marea, se duerme.

La ayuda a implementar incluiría las siguientes acciones:

  • Fomente el compromiso de la abstinencia o la reducción del consumo.
  • Fortalezca los valores éticos incompatibles con el consumo recreativo (drogarse).
  • Informe sobre las consecuencias negativas inmediatas y mediatas.
  • Entrénese para enfrentar la presión grupal o elaborar alternativas.
  • Organice un programa de búsqueda de metas positivas, toma de decisiones o para elevar la autoestima.
  • Capacítese para ayudar a los compañeros con problemas.
  • Entrénese en habilidades sociales y resolución de conflictos interpersonales.

NIVEL COMUNITARIO: se trata de armar redes dentro de la comunidad, es decir, pensar y organizar actividades con un objetivo en común (la prevención de las adicciones) que puedan ser desarrolladas entre distintas instituciones de la comunidad, incluyendo la familia, las asociaciones barriales, los clubes, entre otros.

Una digna experiencia

Por María Victoria Bleckmann
Colegio Sagrado Corazón
3º año Naturales

Diciembre de 2007

“La dignidad es un estado de equilibrio, de disciplina mental, moral y física. La actual requiere la aceptación de una norma de proceder o de un código de conducta tal que el no seguirlo constituya la pérdida de ella. Existen varios factores que contribuyen a lo que se considera el decoro necesario, y para la formación de la dignidad personal son importantes las influencias del ambiente y de la sociedad, así como las costumbre establecidas”

Hace ya aproximadamente medio año decidí participar de un gran proyecto comunitario. Dicho trabajo consistió en la directa participación, asistencia y cumplimiento durante un mes en Fundación Renacer. El trabajo por hacer no era sencillo; pensaba que podría llegar a resultar fácil y satisfactorio. Nadie dice que no lo haya sido porque todo lo que yo aprendí en esos seis meses es incalculable. Me hicieron ampliar muchísimo mis conocimientos acerca de las adicciones en general, sus causas, efectos, secuelas de por vida, recuperaciones, entre otras.

Fuimos llamados Grupo de Jóvenes Lideres. ¿Qué es un líder?. Un líder es aquella persona con carácter, autoridad, capaz de dirigir un grupo hacia la consecución de un objetivo común Es una palabra tan fuerte, rica en conocimientos, investigaciones, preguntas y experiencias. Me creía capaz de dirigir a la comunidad en conjunto con mis compañeros y eso me hacía sentir bien, útil para algo.

Comenzamos a realizar diversas actividades entre nosotros para poder conocernos más y ver cuánto sabíamos, en realidad, sobre este tema que tan de cerca nos toca hoy en día. A medida que nuestros trabajos avanzaban se nos informó que nuestra tarea de líderes iba a comenzar, que íbamos a ejercer nuestro objetivo: informar, advertir, dar a conocer y prevenir, tanto a jóvenes como así también a los adultos de nuestra ciudad.

Se realizaron charlas acerca de las adicciones, a las que se llega a través del consumo de drogas (tabaco, alcohol, pastillas, etc.) o de problemas alimenticios (anorexia, bulimia, obesidad). En esas charlas sólo participábamos como integrantes del grupo de Fundación Renacer, ya que los encargados de realizarlas eran médicos, psicólogos, psicopedagogos y profesionales preparados para poder hablar de los temas antes nombrados.

Luego llegó el turno de la participación total y absoluta de nuestro equipo de jóvenes líderes. Divididos en grupos, se nos asignaron diferentes cursos de las siguientes escuelas: Dante Alighieri, Sagrada Familia y Sara Faisal. Durante aproximadamente un mes concurrimos a estos establecimientos, para realizar el seguimiento de los chicos de los 7mos., 8vos. y 9nos. años de EGB y 1ero. y 2do. año de Polimodal. En ellos, cada tema era la razón perfecta para abrir un debate en el que los chicos participaban realizando las actividades que habíamos hecho nosotros con anterioridad. Ellos comentaban, discutían y daban a conocer sus saberes sobre los temas.

Me resultó grato poder brindarles todos mis conocimientos adquiridos durante ese tiempo, por el sólo hecho de que somos de la misma generación y para ellos resultó mucho más interesante que algunos temas fueran comunicados por sus pares, que viven en su mismo entorno.

Los debates que abrimos en cada encuentro fueron importantes para Fundación Renacer, ya que al finalizar los seguimientos se realizaron estadísticas y se establecieron promedios. También se investigó y desarrolló la mejor metodología para continuar con la tarea de educación y promoción de la salud.

Mi dignidad de persona me llevó a elegir con total libertad la participación en este proyecto, que me dio plena satisfacción. Fui creada a imagen y semejanza de Dios, por lo que soy poseedora de entendimiento para poder aprender, escuchar, conocer, valorar, y voluntad para nunca decaer y seguir frente a las adversidades que se fueron presentando. Crecí en mi tarea solidaria, caritativa. Me di cuenta de que puedo dar a conocer al mundo mis experiencias y aportar un granito de arena en su salvación.

La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona como un ser digno de respeto, siempre que sea aceptado el conocimiento del prójimo sobre el tema, y que pueda explayarse sin inconvenientes, pueda equivocarse y tenga la capacidad de reparar y solucionar estos errores. Siempre hay que saber reconocer las virtudes de los demás, sus triunfos, éxitos, porque mejoran la calidad de vida físico-mental de la persona y llegan al tan ansiado equilibrio emocional.

El saber que contribuyo, por ejemplo, a que un fumador de tabaco pueda salir de ese círculo vicioso me hace sentir orgullosa tanto de los actos de la persona como de los míos, de mi colaboración y de su recuperación, reforzando mi sensación de plenitud.

La dignidad no se otorga; es propia desde el momento en que venimos al mundo y nadie puede quitárnosla. Nadie puede adueñarse de ella. Por eso debemos tener bien en claro que la dignidad es lo que nos hace crecer como seres racionales. Por lo tanto, en toda acción e intención, en todo fin y en todo medio, debemos tratar siempre a cada uno, a nosotros mismos y a los demás, con el respeto que le corresponde por su libertad y valor como persona.

Mi tarea como líder aún no ha finalizado. Tengo como objetivo culminar lo que en su momento habíamos proyectado, con el orgullo de sentir que somos capaces de mejorar el mundo si entre todos colaboramos en tan complejo trabajo, actuando con sabiduría, responsabilidad, respeto y dignidad.


 
 

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